Una familia atrapada entre las obras del futuro aeropuerto de Ciudad de México

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Los Martínez Gómez negocian desde hace más de un año la venta de su restaurante al Estado, que necesita esos terrenos para construir el principal acceso al futuro aeropuerto de Ciudad de México.

Hace 17 años que viven ahí, y por eso le pusieron a su restaurante ‘El pionero’’ Arturo e Isabel, los progenitores, se habían propuesto convertir esos terrenos desérticos en “un vergel”.

Hoy, la vista llega lejos desde las vías del tren que corren en paralelo a ‘El pionero’. Entre los terrenos planos brota la construcción de dos pisos con techo a dos aguas. Como puntos se ven los militares y obreros que trabajan desde hace meses.

En 2019, las distintas dependencias del Estado que intervienen en la adquisición de predios para las obras del aeropuerto empezaron las negociaciones con la familia para comprar la propiedad. Los 13.000 metros cuadrados de la familia son necesarios para concluir las obras.

La primera oferta que recibió Arturo estaba “muy debajo de lo que les correspondía”, valoró entonces el hombre. Los 200 pesos (unos 10 dólares) por metro cuadrado que le ofrecían no cubrían el sacrificio de tantos años.

Los hermanos aseguran que, tras negarse a entregar los terrenos por ese precio, la familia recibió amenazas de expropiación. Los camiones de las obras empezaron a taparles el paso, el aire se llenó de polvo, y cada vez se sintieron más incómodos.

Además, surgió un conflicto relacionado con otras parcelas que están en la parte trasera del restaurante, lo que llevó a Arturo, el hombre “luchador” e “idealista” que describen sus hijos, a presentar un amparo. Era octubre de 2019.

Pasaron los meses, llegó la pandemia, cerraron los juzgados y el hombre se cansó e informó a los funcionarios de que vendería a pesar del precio. A mediados de mayo, se cerró ‘El pionero’. Arturo murió por la covid-19 dos semanas después, a los 80 años.

Ahora el Estado impulsa una expropiación “concertada y acordada”, según afirma la Sedatu, por la que aseguran que se entregará una indemnización. Los hijos del hombre, sin embargo, niegan algún acuerdo o notificación.

“Ya tienen todos los documentos, ya se entregaron, ¿y ahora nos vienen con que nos quieren expropiar?”

Lamenta la esposa de Arturo, Isabel Gómez, sentada en la cocina. ‘El negocito’, como lo llama ella, todavía conserva la vajilla y un altar.

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