Carlos Martínez Amador expresó su crítica acerca de la deficiencia en la consulta pedagógica para la creación de los libros de la SEP

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La educación es un pilar fundamental para el desarrollo de una sociedad y la formación de ciudadanos críticos y conscientes. Los libros de texto desempeñan un papel esencial en este proceso, ya que proporcionan el contenido y la información que los estudiantes utilizarán para aprender y comprender el mundo que los rodea.

En este sentido es que recientemente se ha desatado un debate público por los libros de texto gratuitos que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha diseñado para el ciclo escolar 2023-2024, sin la consulta a la comunidad educativa e incluso sin una base pedagógica firme.

En las revisiones que varios organismos y especialistas han realizado, como la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), entre otros, se han encontrado faltas graves, no sólo en la forma de su contenido, sino además en el fondo e incluso con un fuerte enfoque ideológico del partido en el poder.

Entre estos “errores”, se pueden citar las frases redundantes encontradas en los libros de 1º de primaria o la infografía del sistema solar con los planetas en desorden y con faltas de ortografía, además de faltas graves en los libros de matemáticas.

El problema de esta información equivocada, es que el estudiantado puede asumir que lo que se presenta en estos libros es completamente verídico y confiable, lo que puede llevar a la perpetuación de mitos y falsedades.

Esto afecta el rendimiento académico de los estudiantes. Cuando los conceptos y hechos presentados son incorrectos, se genera confusión y dificultades en el aprendizaje.

Lamentablemente a estas graves deficiencias, se suma un contenido politizado y en el que se minimiza la educación de las matemáticas, ciencia y tecnología. Sin duda, esto tiene efectos negativos en el proceso educativo y en el desarrollo de los estudiantes.

Uno de los principales peligros de utilizar libros de texto politizados es la manipulación ideológica de los estudiantes. Cuando los contenidos están sesgados hacia una perspectiva política o ideológica particular, se corre el riesgo de inculcar puntos de vista sesgados y estereotipados en la mente de los niños y jóvenes. Esto puede llevar a una falta de comprensión real de los problemas sociales y políticos, así como a la perpetuación de prejuicios y discriminación.

Asimismo, es claro que estos contenidos politizados exacerban la polarización en la sociedad, ya que presentan una visión unilateral de los temas controvertidos y omiten perspectivas alternativas. Esto crea divisiones entre los estudiantes y dificulta la construcción de un diálogo constructivo y respetuoso sobre temas importantes. Lo alarmante es que, en lugar de fomentar el pensamiento crítico, se está promoviendo la adhesión acrítica a una única ideología.

No podemos titubear y ser omisos ante este grave problema, ya que, si bien es claro que en el sistema educativo nacional hay importantes deficiencias, también lo es que una educación de calidad es un derecho fundamental para todos los estudiantes, independientemente de su origen socioeconómico o cultural.

Si bien el gobierno morenista ha hecho oídos sordos a la orden judicial dictada por un juzgado federal para suspender la distribución de estos libros de texto, es esencial que alcemos la voz para que estos sean rigurosamente revisados y basados en evidencia verificable para garantizar la precisión de la información transmitida.

No es cuestión de bandos y banderas, sino de algo que puede afectar el curso de nuestra nación, ya que la verdadera riqueza de un país reside en la calidad de su educación, pues solo a través del conocimiento y el aprendizaje podemos construir un futuro próspero y sostenible.

-Con información de la columna de Carlos Martínez Amador para “El Sol de Puebla”.

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